El árbol que cuidó mi inocencia
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Hoy fue un día precioso, parecía primavera, sólo faltaban los ciruelos llenos de flores. Se ven tan lindos. Se han fijado que esa flor es tan delicada y dulce, que un simple viento o soplo la desvanece, pero lo mejor de todo es que cuando caen, son tan pequeñitas y tantas las hojitas que un árbol puede botar, que al mirarlo desde lejos parece nieve.
Cuando niña, la casa de mi madre en esa época tenía un ciruelo gigante, casi tapaba la casa, era inmenso y de color blanco. Ahhh…que maravilloso y frondoso se veía cuando llegaba la primavera, cuando por fin nos podíamos sacar el abrigo y andar más ligeros . Recuerdo que siempre me quedaba mirando hacia arriba…el árbol me cubría toda la visual…y todo se veía: maravilloso. Lleno de flores y entremedio unos pequeños rayos de sol. Y luego cuando éstas caían…nieve. Una alfombra de pétalos blancos bajo el árbol.
Ahhhh…cuántos sueños de niña y cuentos de hadas compartí con ese árbol. Cuantas caídas me lleve por tratar de alcanzarlo, y esas veces en que incluso con mi ingenio invente un columpio que hice de él. Él con su paciencia sólo me cuidaba y me abrigaba con su manto y sombra cuando mis pequeñas penas le contaba…
Hoy pase por aquella casa tan linda que era de mi vieja, la observé y fue inevitable imaginar ver ese árbol y esa niña ingenua junto él. Que lindos recuerdos pensé, lo que me llevó a observarla más, estaba linda y más grande, había una hermosa ampliación: el árbol, ya no estaba.
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Pablo dijo
Y la niña pequeña corrió sin mirar atrás mientras cientos de pequeñas flores de ciruelos rozaban sus heladas mejillas. A lo lejos le pareció oir cada golpe en el noble arbol y vió volar una bandada de pequeños chincoles al subirse en su bicicleta roja con parrilla. Se desvanecía su columpio, la sombra con forma de gigante y todos los recuerdos que vivían junto a los chincoles.
7 Julio 2006 | 04:07 AM